Viaje de verano. En la herrería

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La herrería del castillo era impresionante, y trabajar en la forja del cuchillo, una sensación increíble. Hicimos un montón de fotos y vídeos que ponemos aquí sin ningún orden en particular. Las fotos:

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Viaje de verano. Capítulo 5

“Viajar sirve para ajustar la imaginación a la realidad, y para ver las cosas como son en vez de pensar cómo serán”
Samuel Johnson (1709-1784) Poeta y ensayista inglés

Capítulo 5 del viaje “Hermanados por el hierro y la cerveza”:
Hochosterwitz

Tras el cada vez más difícil despertar (se acumulaban los días) y el acicalamiento ritual nos dirigimos hacia el que creíamos principal atractivo del viaje: la visita a nuestro amigo Karl von Khevenhüller, dueño del castillo Hochosterwitz, propiedad de su familia desde 1561.

La primera vista del castillo llenó de exclamaciones de admiración e incredulidad la tuno-furgoneta. La inmensa fortaleza se sitúa sobre un pico de 170 metros de altura, e impresiona verlo desde la distancia. Como cualquier turista, decidimos terminar de pertrecharnos (maldita ola de calor) y hacer las primeras fotos desde la distancia.

La tuna cerca de Hochosterwitz

La tuna cerca de Hochosterwitz

El propio Karl en persona nos daría la bienvenida en ese momento al mando de un pequeño camión de reparto de principios de siglo XX , al encontrarnos en mitad del camino que lleva justamente hasta su casa, una mansión que veríamos por la tarde. Aprovechamos para hacernos la primera foto con él para después dirigirnos, precedidos por su pintoresco vehículo, a la entrada de su castillo.

Con el conde Karl

Con el conde Karl

De manera que subimos con el conde atravesando las 12 puertas que cierran el camino a posibles invasores, disfrutando de sus explicaciones sobre las diversas trampas que complementaban las puertas. También por el camino conocimos a los magníficos artesanos que trabajan en los distintos niveles de la fortaleza.

El conde permite el paso al Magister Tunae

El conde permite el paso al Magister Tunae

Al superar la última de las puertas observamos con deleite cómo la bandera española ondeaba ese día en lo alto del castillo en honor a nuestra visita.

La bandera de España ondea en lo más alto de Austria

Nos recibe nuestra bandera nacional

Una vez arriba empezamos a tocar, amenizando con nuestras canciones a nuestros anfitriones, sus amigos y a todos cuantos visitaban los distintos patios, disfrutaban de una suculenta comida o visitaban el museo, sin olvidarnos de los miembros de la guardia del castillo (un curioso cuerpo de voluntarios juramentados en la defensa del castillo y del conde contra cualquier agresor) que practicaban rudos combates a espada en la plaza.

Los condes, los amigos, la guardia y la tuna

Los condes, los amigos, la guardia y la tuna

Acabado el primer pase musical nos sentamos a la mesa con Karl, su familia e invitados, disfrutando de una pantagruélica comida acompañada de la deliciosa y fresca cerveza que en ese momento ya adorábamos. La  privilegiada situación de la mesa en lo más alto de las almenas, las impresionantes vistas del entorno y el delicioso yantar tuvieron sin embargo como invitados a unos tremendos avispones a los que también gustaba la rubia cerveza, y que otorgaron a alguno de nuestros miembros más aprensivos un sufrimiento casi cómico que los demás disfrutaron. Ante todo, compañerismo y solidaridad. Más tarde Logan recibiría su merecido por las mofas siendo atacado por una de ellas …

Tras una segunda actuación nos dirigimos por sugerencia de Karl a la herrería, donde tuvimos el privilegio de conocer al herrero que allí trabaja, que a la sazón es el artesano que construye las armaduras de la Guardia Suiza de Vaticano. Casi nada. Con él vivimos la inolvidable experiencia de participar en la forja de un cuchillo con la enseña del castillo. Por turnos fuimos ayudándole a dar forma al metal (algunos, más bien a deformarlo) y gracias a su buen hacer pronto teníamos en nuestras manos un auténtico cuchillo de estilo celta manufacturado de forma totalmente artesanal que ahora guardamos con afecto. Karl tuvo a bien regalarnos a los demás una versión más pequeña del mismo como recuerdo. Durante el proceso el herrero nos pidió que acompañáramos la labor con algunas canciones al calor de la lumbre.

Aquí hay una increíble galería de fotos de aquello

Acabado el trabajo procedimos a completar el ritual que da título al viaje, que desde tiempos inmemoriales repiten los artesanos herreros del país. Al finalizar la jornada los trabajadores se reúnen ante una gran jarra de cerveza, introducen un acero al rojo vivo en la misma y toman todos de ella, hermanados día tras día en el duro trabajo que es su pasión. Beber  aquella cerveza caliente y con sabor a metal nos sumergió a todos en esa sensación inolvidable de hermandad.

Hermanados por el hierro y la cerveza

Hermanados por el hierro y la cerveza

Tras esa experiencia, visitamos la zona de museo con Karl como guía de excepción, antes de dirigirnos a su casa y prepararnos para salir a disfrutar de la vida nocturna de un Klagenfurt entregado a sus fiestas. La Tuna y la guardia personal del conde. ¿Qué podría pasar?

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Viaje de verano. Capítulo 4

“Hay mucha diferencia entre viajar para ver países y para ver pueblos”
Jean Jacques Rousseau (1712-1778) Filósofo suizo

Capítulo 4 del viaje “Hermanados por el hierro y la cerveza”: Eslovenia-Austria

El sol esloveno amenazaba tratarnos despiadadamente y el miedo recorría nuestros maltrechos cuerpos hasta la proposición decente de una de una de nuestras hadas madrinas, Ula, quien nos propuso visitar el lago de Bled para bañarnos y pasar el rato antes de continuar viaje hacia Austria.

Aprobada la moción por asentimiento, emprendimos viaje a este idílico paraje donde pudimos refrescar nuestras almas en las frías aguas eslovenas, para calentarnos nuevamente con la ingestión de un fabuloso licor local especialmente diseñado para reponer fuerzas tras bañarse en un lago. Deliciosa costumbre.

Pero no quedaba más tiempo para dedicarlo a Eslovenia, y tras la promesa de volver pronto tuvimos que retomar viaje no sin cierta melancolía por las anécdotas pasadas, las risas vertidas sin misericordia, los fabulosos estragos físicos de una noche inolvidable y el buen ánimo del grupo y de quienes nos habían rodeado en este lugar tan especial a partir de ahora para nosotros.

De manera que cruzamos otra nueva frontera para llegar a primera hora de la tarde a nuestro lujoso alojamiento de Klagenfurt, cerca del lago Worthesse. Disponer de una amplia casa con jardín, tras habitaciones, salón, cocina y dos baños es un lujo del que disfrutamos convenientemente durante nuestra estancia en la ciudad. Repartidas habitaciones y tareas, comida de hermandad y brindis por el futuro inmediato, breve descanso y acicalamiento para explorar las posibilidades de la ciudad y localizar los puntos de interés donde se nos requeriría al día siguiente.

Y explorando los pueblos de los alrededores, el buen ojo hizo detenernos, mediada la tarde, en un precioso establecimiento hostelero a la misma orilla del lago, donde decidimos hacernos fuertes y pedir las primeras rondas de la exquisita y muy necesaria cerveza local. Y ante la curiosidad del público y el permiso de la autoridad no arrancamos con alguna pieza instrumental para ir amenizando el ambiente, consiguiendo despertar el interés y sobre todo la generosidad de clientes y trabajadores del complejo hotelero. La “parchereta” en funcionamiento, las cervezas acumulándose, la conversación fluida, la risa fácil y el aplauso sincero del público tiene como resultado la impresión de felicidad en el tuno protagonista, hasta la hora del cierre del local.

Junto al Wörthersee

Junto al Wörthersee

Afortunadamente, alguno conservaba la visión nocturna y alertó al grupo de la existencia de unas luces de neón próximas al aparcamiento de la furgoneta, y movidos por la curiosidad, os acercamos andando al barullo sonoro de un establecimiento en el que una pareja de músicos hacía lo que podía para animar la velada a la concurrida audiencia. Acudimos prestos en su ayuda, con gran júbilo por parte del generoso público y lo que es mejor, por parte de la gerencia del local, quien nos animó a continuar a base de abundantes raciones de comida –sobre todo al habilidoso novato- e innumerables vidrios rebosantes de ese líquido ambarino y espumoso. Y allí estuvimos largo tiempo a base de charla, canciones y comida, además de la recompensa económica por nuestro buen hacer, aunque realmente esto último no era necesario … tampoco supimos negarnos. Y así nos dirigimos de vuelta a nuestra casita, donde antes de dormir nos regalamos una nueva tertulia, la penúltima cerveza y la planificación más o menos seria de lo que sería el día siguiente.

La jornada se presentaba exigente, por lo que el desayuno tuvo que ser bien completo y la ducha a conciencia. Vestidos y pertrechados, nuevamente a la furgoneta para dirigirnos a última hora de la mañana a la cita con nuestro amigo Georg, quien nos quería invitar a comer en la trattoria de su hermano para charlar y planificar el día. Pese a que el plan era dar una vuelta en el velero de la familia por el lago, la lluvia intermitente hizo desistir a nuestro anfitrión de este plan, de manera que tras los abrazos de rigor, nos sentamos junto a la familia a compartir una deliciosa comida convenientemente regada de animada charla, risas y cómo no … un poquito más de cerveza. Tras los cafés y el postre, el grupo se disgregó en los que querían descansar un rato, los que querían hacer turismo y los que quisieron aposentarse en una de las plazas de la villa a parchear un poquito más por costumbre que por necesidad. Nuevamente caímos simpáticos a un propietario de cervecería y a sus clientes, que decidieron pagar en especies y en abundancia de billetes de cinco euros el cuestionable arte de un grupo de dos veteranos y un novato, pero hicimos buena tarde mientras buscamos incluso novio a nuestra furgoneta. Cosas que pasan.

En la Trattoria La Pasta con nuestros anfitriones

En la Trattoria La Pasta con nuestros anfitriones

Nuevamente reunido el grupo, camino de la casa de veraneo donde actuábamos y fue un placer, por una vez, llegar los primeros. Así tuvimos tiempo para explorar la bodega y las cocinas, habitáculos necesarios para nuestros intereses. Pertrechados de todo lo necesario y en formación, iniciamos nuestra actuación para deleite de nuestro público, donde encontramos algún viejo amigo y entablamos charla y sorprendentes planes de viajes futuros con otros nuevos. Siempre somos objeto de grandes atenciones por parte de nuestros anfitriones, pero esta vez no dudamos en calificarlas incluso de excesivas las dispensadas por esta familia, siendo servidos por ellos en la mesa de la cena antes de afrontar la segunda parte de nuestra actuación con la noche como protagonista. Y una vez despedidos los menos cercanos, se formó en el comedor de la casa un grupo de incondicionales de nuestro tunar y entre canción y canción, chupito y cerveza, risas y bromas, nos dieron las tantas con la insistencia de nuestro amigos Karl en cerrar bien los planes para el día siguiente. Planes que se cumplirían con creces y que nos asombraría sobremanera por inesperados e impactantes. Pero eso … lo sabréis pronto.

En Klagenfurt

En Klagenfurt

Lindwurm, el símbolo de Klagenfurt

Lindwurm, el símbolo de Klagenfurt

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Viaje de Verano. Capítulo 3

“Un buen viajero no tiene planes fijos ni la intención de llegar”
Lao Tse (Filósofo chino)

Capítulo 3 del viaje “Hermanados por el hierro y la cerveza”: Eslovenia, patria querida

Las terribles consecuencias físicas de la noche veronesa solo se hicieron notar el tiempo necesario para reponer fuerzas mediante la abundante ingesta de desayunos e ibuprofenos, pero hizo recordar nuestra condición de simples mortales a modo de doloroso “memento mori” (corred a la Wikipedia) susurrado al oído por encima del bendito aire acondicionado de la furgoneta que una vez superados los atascos venecianos nos trasladó sin novedad a tierras eslovenas y nos depositó bajo un terrible calor (41 grados) en Liubliana a la hora adecuada: la de la comida. Sin embargo, nos contagió la tranquilidad local y desechando planes más ambiciosos, nos dedicamos al turismo por esta maravillosa localidad y, para qué negarlo, nos detuvimos a reponer fuerzas –alguno en dos ocasiones- antes de embarcarnos de nuevo en la furgoneta y poner rumbo a Kranj, donde nos esperaban.

La tuna en Liubliana

Puente triple cerca de la plaza Preseren

Y disfrutando del hermoso paisaje esloveno llegamos a esta localidad sin mayor novedad, para acercarnos a nuestra residencia a ducharnos en rápida sucesión para aliviar mínimamente el sofocante calor, aunque tuvimos el gusto de dedicarle una cancioncilla a nuestra amable anfitriona. Y de nuevo con trajes e instrumentos nos reunimos con nuestras amigas Ula y Urska, quienes se convertirían en nuestras hadas madrinas en esos dos día eslovenos a base de mucho cariño y un millón de atenciones. Tras varias actuaciones, nos decidimos por reposar junto al puente de entrada a la ciudad antigua, en una terraza donde bien cómodos fuimos degustando múltiples cervezas locales ambientadas por la charla con nuestras anfitrionas y varias canciones causantes de merecidos aplausos y griterío de ánimo por parte de la población autóctona. Llegamos a brindar en once idiomas diferentes, que fueron doce tras la aportación del público hebreo presente, más si queréis aprender tan necesario conocimiento, no dudéis en viajar con nosotros.

Fin de la noche en Kranj

Fin de la noche en Kranj

La camarera nos advirtió a las once de la noche de que el local cerraría en media hora. A las dos de la mañana se decidió por servir un licor local (snaps) para intentar rendirnos, cosa que (maldita sea) casi consigue. La fiesta continuaría a base de variadas fotos con el público superviviente, alguna cerveza en mitad del referido puente y la ingesta indiscriminada de salchichón español. Hasta ahí puedo leer, amigos. Porque la retirada intentó ser silenciosa, sin conseguirlo. Intentó ser gallarda, con escaso resultado. Intentó ser seria y se quedó en el intento. Cuando las cabezas rozaron las almohadas, el sueño reparador acudió presto y necesario, para abandonarnos apenas un par de horas después y dirigirnos a las duchas y al desayuno con algarabía y regocijo por los recuerdos de la jornada pasada y las expectativas de la presente. ¿Se cumplirían? Seguid atentos, perseverantes lectores.

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Viaje de verano. Capítulo 2

“He descubierto que no hay forma más segura de saber si amas u odias a alguien que hacer un viaje con él”.
Mark Twain (1835-1910) Escritor estadounidense

Capítulo 2 del viaje “Hermanados por el hierro y la cerveza”: Tinto de Verona

Tras una mañana de furgoneta y debates variados sobre lo divino, lo humano y lo musical llegamos sin novedad a las inmediaciones del Lago di Garda a la búsqueda de Sirmione, bellísima localidad medieval plagada de turistas y peninsularmente rodeada por las cristalinas aguas del lago, que por cierto sirvieron de refresco mediante baño reglamentario a nuestras huestes. Bajo un calor sofocante giramos visita turística y ante la imposibilidad de actuar –por la normativa municipal explicada en perfecto italiano por el policía italiano- optamos por retomar con tranquilidad el viaje hasta los alrededores de nuestro destino para dar buena cuenta de una opípara comida en un centro de comercial de esos en los que un grupo de tunos con sus trajes pintan más bien poco, de manera que nos disfrazamos de personas normales para comer y no aterrorizar a las jóvenes dependientas.

Entrada a la torre del homenaje de Sirmione

Y colmadas las necesidades alimenticias, rumbo al hotel veronés que habría de refugiarnos en esta parada. Tras localizarlo sin mayores problemas y refrescarnos –cada uno por separado- nuevamente con nuestros trajes de tuna e instrumentos nos dirigimos al centro de la ciudad. A cambio de una cerveza conseguimos un aparcamiento de lujo facilitado por una amable veronesa, y a pocos metros encontramos el maravilloso anfiteatro de La Arena frente al cual comenzamos a actuar con la caída de la tarde, animados y aplaudidos por el numerosos público y especialmente por alguna española residente en esa bella localidad que nos orientó adecuadamente sobre los destinos de inexcusable visita para la Tuna.

Cerca de la arena de Verona

Y tras un rato tocando, llegaba el momento del refrigerio para reponer fuerzas mediante la necesaria hidratación, cerveza mediante. Salvo para dos valientes que decidieron instaurar en la villa el “Tinto de Verona”, el resto dimos cuenta de una jarra de cerveza amablemente invitada por el camarero de uno de los restaurantes donde actuamos. Permítame el lector reflexionar mínimamente sobre el hecho de que sea un empleado quien de su bolsillo abone nuestra cuenta a cambio de nuestras canciones, un par de bromas y cinco minutos de espontánea amistad. Aún daría mucho de sí durante la noche estas amistades con el gremio hostelero … pero no nos adelantemos. Seguidme pues por las calles oscuras de Verona mientras Pebito se pregunta enfadadísimo por el destino de su bandurria mientras ésta cuelga de su hombro, para llegar a otro de nuestros destinos plagado de terrazas y de grupos de damiselas deseosas de su momento de protagonismo con nuestras capas y nuestras canciones. Algún cumpleaños, varias parejas de enamorados y numerosos turistas sirvieron para ir encadenando canción tras canción hasta que sucedió el milagro.

Feliz 19 cumpleaños!!

El dueño de un restaurante aledaño se acercó a nosotros para preguntarnos el precio de nuestro arte por acudir a la terraza de su establecimiento. Y como la querida “parchereta” rebosaba de donativos, propusimos el mejor de los planes. Alimento y bebida servidos en su terraza, cómodamente sentados y al fresco de la noche fue nuestra propuesta aceptada de inmediato por tan amable caballero, dignísimo representante del nombre de la plaza donde se ubica su negocio. Y allí estuvimos mientras avanzaba la noche, canción tras canción, plato tas plato, jarra tras jarra en medio de una sonoridad exquisita en un entorno mágico, casi sin darnos cuenta como las mesas se iban llenando de público a nuestro alrededor, mientras nos regalaban aplausos y consumiciones … incluso por declamar nuestro brindis, eso sí, con la adecuada voz varonil y profunda que el marco y el público merecían. “En mi viejo San Juan” cerró este episodio ante la necesidad de retirarnos a descansar, cosa que aún tardaría en suceder …

Que no pare la música ni la cerveza

Y es que camino de la furgoneta, encontramos a varios camareros y camareras descansando y tomando unas cervecitas. Saludos, sonrisas y charla y de nuevo nos embarcamos en otra aventura dejándonos guiar por ellos a un lugar de cuyo nombre y ubicación no consigo acordarme, lugar plagado de liquido espumoso y un público entregado a nuestro buen hacer. Y entre risas, canciones y algún que otro baile nos dieron las tantas de la madrugada. De manera que conseguimos convencer a una madre –gracias a nuestro dominio de lenguas- y a su callado hijo para que nos orientasen hasta nuestro hotel, maniobra que ocupó un tiempo debido al intercambio de posiciones en el habitáculo y diversos sucedidos un tanto complejos de explicar. Y así damos por acabada esta sensacional jornada, permitidme no mostraros alguna que otra imagen poco edificante aunque divertida para los protagonistas, porque algo debe quedar para el secreto de la madrugada veronesa en estos tiempos de tanta exposición pública.

Torre cerca de la Piazza dei Signori

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Viaje de verano. Capítulo 1

“Comer bien, dormir bien, ir donde se desea, permanecer donde interese, no quejarse nunca y, sobre todo, huir como de la peste de los principales monumentos de la ciudad”.
Jules Renard (1864-1910) Escritor y dramaturgo francés. 

Capítulo 1 del viaje “Hermanados por el hierro y la cerveza”: Mediterráneo, tierra de pasión

Con nocturnidad pero casi sin alevosía, a la hora en la que en muchas ocasiones empezamos a plantearnos el regreso a casa, una maravillosa cuadrilla de locos salimos de la ciudad de Santander con el ánimo inflamado, las expectativas por las nubes y el pesimismo y la “negatividad” a años luz de nuestras almas. Las primeras horas del viaje casi nunca dan mucho de sí más allá de las leves conversaciones, los vaivenes de una enorme pero fabulosa furgoneta y alguna que otra parada para el repostaje de combustible y la descarga de líquidos ingeridos en la cálida noche. Porque en este viaje otra cosa no, pero calidez ha habido un montón. Los 41 grados de la capital de Eslovenia lo demuestran. Pero no adelantemos acontecimientos.

La puerta a Carcassonne

Llegamos a la ciudad medieval de Carcassonne con antelación suficiente para acometer un sólido desayuno en los alrededores y buscar un cómodo aparcamiento donde cambiarnos y prepararnos para la ascensión a la ciudad amurallada. Causamos gran expectación durante nuestra visita turística, nuestros trajes y capas atraían el interés de curiosos… y curiosas, además de servir de reclamo para los españoles que visitaban el lugar. Unas cuantas fotos para ilustrar la web y el perfil de Facebook, y a sentarse a la sombra para afinar instrumentos y preparar la primera actuación del viaje, que tuvo lugar bajo un tremendo calor en la plaza de la ciudad con un considerable éxito de público y crítica.

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Tras el refresco de rigor, tocaba volver a cabalgar por las carreteras francesas con destino a la Costa Azul. Y entre siestas, risas y cervezas (gracias a quien quiera que inventara las neveras portátiles) nos fuimos aproximando al objetivo de salvar la frontera y llegar a la ciudad italiana de Sanremo. Una vez localizado el hotel, duchados y pertrechados, emprendimos camino a la zona del puerto dando un interesante rodeo propuesto por Yowi en atención a un anciano desdentado que dormitaba en el suelo de una de las empinadas calles por las que pasamos.

En San Remo

Pero tras la risa y recuperada ya la coherencia llegamos a la zona portuaria para actuar y acabar sentados en una de las terrazas de moda invitados a unas rondas por el propietario del establecimiento que ordenó quitar la música de ambiente para podernos escuchar. Un tipo con gusto. Y generoso.

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De manera que allí nos quedamos acompañados de nuestras rondas de cervezas, una humedad sofocante y unas vistas esplendorosas sobre la femenil chavalería del lugar, ansiosas ellas de ser rondadas por estos caballeros españoles y fotografiarse con ellos. Y tras la búsqueda infructuosa de comida caliente en aquella bendita población, ascenso al hotel para atacar las provisiones de la furgoneta y retirarse con el menor alboroto posible cada cual a su cama y a su aire acondicionado, que ya iba siendo hora.

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A la mañana siguiente conocimos lo mejor del establecimiento en forma de dignísimo desayuno servido por italiana en italiano, y con la insuperable presencia del amo del lugar que yacía dormido en ropa interior en un sofá de la sala. De manera que como la mañana lo merecía nos dimos un paseo por la villa ya sin el velo de la cerveza ni las distracciones con minifalda para fotografiar el Casino, la iglesia ortodoxa y callejear un rato por el pueblo antiguo.

Y tras superar con éxito e hidalguía el intento de estafa del hostelero, nuevamente a la furgoneta para devorar las millas restantes al borde del Mediterráneo y cruzar Italia camino de nuestro próximo destino: el Lago di Garda y la romántica Verona.

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Viaje de verano. Introducción

“Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”
Fernando Pessoa (1888-1935) Poeta portugués.

Ensayar las piezas está bien. Salir a actuar en nuestra ciudad -o cerca- también. Pero lo que verdaderamente enamora de esta vida de Tuno, es el viaje. Sea camino de un certamen –en España o en el extranjero- o sea por el placer de la aventura; el ansia por conocer sitios; gentes, las ganas de acumular anécdotas para contar ininterrumpidamente durante los próximos meses, la prueba que significa VIVIR esta antigua tradición… Cualquiera nos vale.

Pero el caso es que siempre acaban cuadrando las agendas de exámenes, de trabajos, de responsabilidades laborales y/o familiares y al grito de ¡nos vamos de viaje! un grupo de valientes deciden arriesgar su amistad (convivir de manera tan estrecha tantos días es en ocasiones una prueba de carga para la misma), su salud –mal comer y bien beber sube el colesterol) y su estabilidad psíquica (la poca que nos quede) en pro de la ilusión con la que se prepara y ejecuta el plan.

En próximas entregas iremos desgranando las anécdotas, los sucedidos, las tribulaciones, los logros y las sorprendentes aventuras que este grupo de siete amigos de la Tuna Universitaria de Magisterio de Santander han protagonizado en unas jornadas históricas a lo largo y ancho de Francia, Italia, Eslovenia, Austria …

Si seguís atentos a estas virtuales páginas, encontraréis memorables duelos a espada con el armero del Vaticano como testigo, conoceréis a condes y condesas, bellas damas y doncellas, caballeros con armadura, camareros emotivos… Romperéis el silencio de la casa de Julieta, lucharéis con tres dragones y os parará la policía.

Cantaréis con nosotros rancheras, pasodobles y boleros en los lugares más insospechados y ante públicos increíbles, aprenderéis a brindar en doce idiomas, conduciréis por carreteras imposibles, nadaréis en hermosos lagos acompañados de eslovenas, ascenderéis a las más altas almenas de mágicos castillos, dormiréis en treinta camas, soplaréis al maíz y al trigo; probaréis mil cervezas, diez vinos y haréis dos mil amigos.

Prestad pues atención, queridos.

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Viaje de verano, próxima crónica

El verano es una ocasión perfecta para que las tunas alcen el vuelo y se den una vuelta más lejos de lo habitual ya que el tiempo acompaña, hay vacaciones escolares y laborales y hay turistas por todas partes (un público agradecido).

Este año nosotros planeamos cuidadosamente el viaje a raíz de una invitación que nos hicieron hace un par de años en la fiesta de cumpleaños de nuestro querido amigo Jorge Von Starhemberg. No quiero dar demasiados detalles ya que nuestro cronista oficial está preparando una serie de posts contando la experiencia como se merece, pero no puedo resistirme a daros un pequeño adelanto de lo que veréis.

Aquí, el itinerario, con las paradas marcadas:

ItinerarioY qué decir de esta foto! Hemos hecho muchas cosas y hemos tenido experiencias de todo tipo en nuestra vida de tunos, pero nada ni remotamente parecido a esto:

KarlEstad atentos a la crónica oficial, que va a merecer la pena 🙂

 

 

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En tu álbum de fotos

De vez en cuando, de manera recurrente, a los que llevamos un tiempo en esto nos surge la pregunta: ¿En cuantos álbumes de fotos aparecemos?

Ciertamente nuestra actividad la desarrollamos generalmente en celebraciones, siendo bodas, rondas a novias antes de la boda y comuniones nuestro sitio por antonomasia. En todos estos eventos siempre hay multitud de cámaras profesionales y aficionadas inmortalizando el momento. También, por descontado, cuando viajamos al extranjero y locales y turistas nos encuentran exóticos nos tiran muchas fotos. Por supuesto nunca nos oponemos ya que intentamos (y conseguimos) que nuestra presencia conlleve un recuerdo alegre y es en nuestro propio beneficio que se divulgue nuestro buen hacer.

Por eso con la generalización de internet, redes sociales y demás, estamos empezando a tener alguna respuesta a esta pregunta, lo que siempre es agradable. En este caso la fotógrafa de una boda en la que tocamos un sábado de agosto de 2013 nos ha hecho llegar parte del reportaje fotográfico que hizo para los novios. Además siempre es agradable salir en unas fotos tan buenas y que reflejan tan bien nuestra actitud y nuestro objetivo. Buen trabajo a todos!!

Reportaje fotográfico en el blog de la fotógrafa Patricia Llamazares

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De fiesta gallega en Galizano

Dentro del actual negro panorama económico, con la gente sin casi salir de casa, los sitios de ocio están sufriendo como cualquier otro. Por eso es muy agradable cuando te encuentras con hosteleros que ponen de su parte por mejorar su negocio y organizan para ello actividades de todo tipo. Es el caso de Roberto, responsable del Hotel La Vijanera en Galizano, que nos invitó el pasado 1 de Julio a participar en su primera fiesta gallega. Con esa excusa, algo de decoración, pañuelos de pulpera para las camareras, atractivas ofertas en las especialidades típicas del tema (ver cartel) y un plan de actividades sencillo pero que marcaba la diferencia se organizó una agradable jornada. Y nosotros formamos parte de esa jornada.

Hicimos lo típico, sin desviarnos de lo que sabemos hacer (y nos gusta hacer). Llegamos a la hora convenida, perfectamente pertrechados, y tras saludar a nuestro anfitrión comenzamos junto a la barra con nuestro repaso habitual a los grandes clásicos de la tuna entre los que por supuesto no podía faltar para la ocasión la historia de amor de la galleguiña con su tuno. Y es que La Tuna Compostelana es una de nuestras grandes especialidades. Tras echar unas cuantas canciones para los clientes que animaban la barra salimos a la zona esterior (cubierta y acristalada) donde la gente charlaba animada en las mesas y disfrutaba de las preciosas vistas al jardín mientras las camareras iban y venían con raciones, albariños y cervezas que tan bien entraban en un día caluroso. Nosotros a lo nuestro, repasando nuestro amplio repertorio y atendiendo a las peticiones que nos hacían desde las mesas. Allí mismo tomamos nuestra primera cervecita, ya que nuestro anfitrión era consciente de que los trajes de terciopelo y el junio de Galizano no casan muy bien, con lo que aprovechamos para brindar por el y por todos los presentes. Al rato volvimos a la barra, de paso ya que también entramos al comedor donde había, entre los comensales, un cumpleaños.

Acabado el pase pactado Roberto nos invitó mientras descansábamos a otra ronda acompañada esta vez de una deliciosa empanada de pulpo. Realmente recomendable. Y ya con las fuerzas repuestas volvimos a coger los instrumentos y ya, por puro gusto, echamos otras cuantas canciones. Y es que el sitio, el día (un sol radiante, quizá lo menos gallego :)) y la compañía lo merecían.

Hasta cuando queráis!! Aquí tenéis el sitio, que recomendamos: http://www.hotellavijanera.com/

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